Documentos

Índice de documentos
CARTA APOSTÓLICA ORIENTALE LUMEN
CARTA APOSTÓLICA
CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA
CONSTITUCION SACROSANCTUM CONCILIUM. VATICANO II






CARTA APOSTÓLICA ORIENTALE LUMEN,
del Beato Juan Pablo II


RESUMEN
Escrita con ocasión del centenario de la Carta Apostólica Orientalium Dignitas, de León XIII, con la que “quiso defender el significado de las Tradiciones Orientales para toda la Iglesia”. Este mismo espíritu aparece en esta Carta Apostólica, escrita para resaltar los valores de las Iglesias orientales y el ejemplo que muchos de ellos pueden aportar a la Iglesia occidental.
Defendiendo esta variedad, como dice el Papa, se pone de manifiesto la unidad de la Iglesia: “tenemos en común casi todo; y tenemos en común sobre todo el anhelo sincero de alcanzar la unidad”.
El Papa invita en su Carta a conocer el oriente cristiano, su manera de entender y practicar la fe, muy próxima a la Iglesia primitiva: “el cristiano oriental tiene un modo propio de sentir y de comprender y, por tanto, también un modo original de vivir su relación con el Salvador”, con una atención especial al culto litúrgico, “principalmente, la celebración eucarística” y al papel que atribuyen al Espíritu Santo. El Papa alaba el papel de la teología oriental después de San Irineo de Lión y los padres capadocios. “La enseñanza de los Padres capadocios sobre la divinización ha pasado a la tradición de todas las Iglesias orientales y constituye parte de su patrimonio común. Estas enseñanzas son bien visibles en las celebraciones litúrgicas, “donde todos los fieles del Oriente cristiano perciben tan profundamente el sentido del misterio”.
Otro rasgo que destaca el papel de su espiritualidad es su sentido de la continuidad, “que toma los nombres de Tradición y de espera escatológica”. La Tradición preserva a la Iglesia del peligro de recoger sólo opiniones mudables y garantiza su certeza y continuidad. Por su parte, la espera escatológica “nos abre al futuro de Dios”. Estas ideas tienen su reflejo en la liturgia, que para ellos es “memorial de la salvación e invocación de la vuelta del Señor”.
Otro rasgo que se destaca es el monaquismo, contemplado como un punto de referencia “para todos los bautizados, en la medida de los dones que el Señor ha ofrecido a cada uno presentándose como una síntesis emblemática del cristianismo” y no como un mundo aparte. El Papa destaca la fortaleza y la fidelidad de muchos monasterios orientales frente a las recientes persecuciones que han tenido que padecer en muchos de estos países, y alaba la pervivencia de este espíritu en el monaquismo femenino. “Así pues –escribe el Papa-, miraré al monaquismo para descubrir aquellos valores que considero hoy muy importantes para expresar la aportación del Oriente cristiano al camino de la Iglesia de Cristo hacia el Reino”. Por ello, el monaquismo ha sido el alma misma de las Iglesias orientales.
¿Qué revela el monaquismo? “Que la vida –escribe Juan Pablo II- está suspendida entre dos cumbres: la Palabra de Dios y la Eucaristía”. Y “frente al abismo de la misericordia divina, al monje no le queda más que proclamar la conciencia de su pobreza radical, que se convierte en innovación y grito de júbilo para una salvación más generosa”.
Para los orientales, “la liturgia es el cielo en la tierra” y en ella “el Verbo que asumió la carne penetra la materia con una potencialidad salvífica que se manifiesta de forma plena en los sacramentos”. La larga duración de las celebraciones, las continuas invocaciones, “todo expresa aun progresivo ensimismarse en el misterio celebrado con toda la persona. Y así la plegaria de la Iglesia se transforma ya en participación en la liturgia celeste, anticipo de la bienaventuranza final”.
Más rasgos de esta espiritualidad son la superioridad del amor con respecto a toda ley, la profundidad de los valores que posee la persona humana y la constatación de que Dios es un misterio inaccesible, absoluta trascendencia.
La segunda parte de esta Carta se titula “Del conocimiento al encuentro”. En ella se habla de las diferentes experiencias de unidad que ya se han tenido y la invitación papal a “encontrarse, conocerse y trabajar juntos”. El Papa es consciente de los obstáculos y las tensiones que existen, pero también destaca que estamos inmersos en otro tiempo histórico que puede ayudar a fortalecer lazos y promover contactos recíprocos.
El Papa concluye su Carta con una petición: “Quiera Dios acortar el tiempo y el espacio. Que pronto, muy pronto, Cristo, el Orientale Lumen, nos conceda descubrir que en realidad, a pesar de tantos siglos de lejanía, nos encontrábamos muy cerca, porque, tal vez sin saberlo, caminábamos juntos hacia el único Señor y, por tanto, los unos hacia los otros”.

Resumen de Adolfo Torrecilla




CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA
Resumen
Las primeras líneas de la sección titulada “La economía sacramental” marcan las líneas maestras de lo que luego el catecismo desarrollará más detenidamente: “El día de Pentecostés (…) la Iglesia se manifiesta al mundo. El don del Espíritu Santo inaugura u tiempo huevo en la “dispensación del Misterio”: el tiempo de la Iglesia, durante el cual Cristo manifiesta, hace presente y comunica su obra de salvación mediante la Liturgia de su Iglesia hasta que él venga”.
El capítulo primero trata de “El Misterio Pascual en el Tiempo de la Iglesia” y define la Liturgia como “obra de la Santísima Trinidad”. A continuación se explica esa presencia y acción de cada una de las personas de la Santísima Trinidad.
El artículo segundo de este capítulo se titula “El Misterio Pascual en los sacramentos de la Iglesia” y comienza con esta importante afirmación: “Toda la vida litúrgica de la Iglesia gravita en torno al sacrificio eucarístico y los sacramentos”.
Primero se describe lo que tienen en común todos ellos. “Las palabras y las acciones de Jesús durante su vida oculta y su ministerio público eran ya salvíficas. Anticipaban la fuerza de su misterio pascual. Anunciaban y preparaban aquello que Él daría a la Iglesia cuando todo tuviese su cumplimiento. En el plan de salvación, los sacramentos son las obras maestras de Dios en la nueva y eterna alianza. Los sacramentos son de la Iglesia porque existen “por ella” y “para ella”. En este Plan, los sacramentos están ordenados a la santificación de los hombres, a la edificación del Cuerpo de Cristo y, en definitiva, a dar culto a Dios”. Su importancia es tal que ningún rito sacramental puede ser modificado o manipulado a voluntad del ministro o de la comunidad. Además, celebrados dignamente en la fe, “los sacramentos confieren la gracia que significan” y son necesarios para la salvación. Estas celebraciones las hará la Iglesia hasta “que él venga”. De alguna manera son ya una participación en la vida eterna.
El capítulo segundo lleva por título: “La celebración sacramental del Misterio Pascual”. En él, se tratará de la celebración delos sacramentos de la Iglesia, con este orden: quién celebra, cómo celebrar, cuándo celebrar y dónde celebrar.
¿Quién celebra?: “La Liturgia es “acción” del Cristo total, una participación de la Liturgia del cielo. Celebra “el Cuerpo de Cristo unido a su cabeza”; no son acciones privadas sino de toda la Comunidad. Son, pues, celebraciones de toda la Iglesia, aunque no todos los miembros tienen la misma función. Funciones del sacerdocio ministerial.
¿Cómo celebrar?: “Una celebración sacramental está tejida de signos y de símbolos. Según la pedagogía de la salvación, su significación tiene su raíz en la obra de la creación y en la cultura humana, se perfila en los acontecimientos de la Antigua Alianza y se revela en plenitud en la persona y la obra de Cristo”.           Todas las religiones de la humanidad atestiguan el sentido cósmico y simbólico de los ritos religiosos. “Toda celebración sacramental es un encuentro de los hijos de Dios con su Padre, en Cristo y en el Espíritu Santo, y este encuentro se expresa como un diálogo a través de acciones y de palabras”. A continuación se habla de la importancia y el papel de la Sagrada Escritura en las celebraciones y, también, del canto, la música y las imágenes sagradas.
¿Cuándo celebrar? En primer lugar, el domingo, día del Señor y síntesis del Triduo Pascual. Luego las fiestas el tiempo litúrgico, venerando de manera especial a la Madre de Dios. También se hace memoria de los mártires  los santos. Y a continuación se explica el significado profundo de la Liturgia de las Horas, la oración pública de la Iglesia y la oración de todo el pueblo de Dios.
¿Dónde celebrar? “El culto “en espíritu y en verdad” de la Nueva Alianza no está ligado a un lugar exclusivo. Toda la tierra es santa y h sido confiada a los hijos de los hombres”. Cuando las circunstancias lo permiten, se construyen templos dedicados al culto divino donde se hace oración y se reserva la sagrada eucaristía.
Esta sección finaliza con un artículo dedicado a la “diversidad litúrgica y unidad del misterio de Cristo”. “Las diversas tradiciones litúrgicas o ritos (…) manifiestan la catolicidad de la Iglesia”.
Resumen de Adolfo Torrecilla

CONSTITUCION SACROSANCTUM CONCILIUM



Teniendo en cuenta las necesidades el tempo presente y para mejorar la vida cristiana de los fieles, el Concilio Vaticano II propone una reforma de la Liturgia. Para el Concilio, “la liturgia es el misterio de la Iglesia” que se concreta sobre todo en el divino sacrificio de la Eucaristía. La liturgia robustece la fe de los fieles y es símbolo de unidad de la fe de todos los creyentes.
Esta unidad no significa uniformidad. Dice la Constitución que la Iglesia “atribuye igual derecho y honor a todos los ritos legítimamente reconocidos y quiere que en el futuro se conserven y fomenten por todos los medios”.
Los principios generales de la reforma que introduce el Concilio Vaticano II subrayan que la obra de salvación se realiza en Cristo a través del Misterio Pascual. La continuación de estos Misterios, que alcanzaron la plenitud con Cristo, se realiza en la vida de la Iglesia, la encargada de proclamar los sacramentos y el sacrificio eucarístico, “en torno a los cuales gira toda la vida litúrgica”.
Conviene no olvidar que Cristo está presente en su Iglesia, “sobre todo en la acción litúrgica”. Por esto, se considera la Liturgia como el ejercicio del sacerdocio de Cristo. Y a través de la Liturgia terrena tomamos parte en la Liturgia celestial, “que se celebra en la santa ciudad de Jerusalén, hacia la cual nos dirigimos como peregrinos”. Y aunque no se trata de la única actividad de la Iglesia, “es la cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia y al mismo tiempo la fuente de donde mana su fuerza”. Para que la Liturgia tenga efecto en los fieles es necesario que éstos se acerquen con “recta disposición de ánimo, pongan su alma en consonancia con su voz y colaboren con la gracia divina”. Fe, por tanto, para mejorar las disposiciones personales.
El Concilio Vaticano II insiste en promover la educación litúrgica y la participación activa, “porque es la fuente primaria y necesaria de donde han de beber los fieles el espíritu verdaderamente cristiano”. Para ello, se debe fomentar y mejorar la formación de profesores de Liturgia y la formación litúrgica del clero, de los seminarios y de los institutos religiosos.
A continuación se concreta la reforma que se propone. Dice el Documento que “la Liturgia consta de una parte que es inmutable por ser de institución divina, y de otras partes sujetas a cambio, que en el decurso del tiempo pueden y aun deben variar”. “En esta reforma, los textos y los ritos se han de ordenar de manera que expresen con mayor claridad las cosas santas que significan y, en lo posible, el pueblo cristiano pueda comprenderlos fácilmente y participar en ellas por medio de una celebración plena, activa y comunitaria”.
En relación con la normas generales que se dan se dice claramente que sólo la Jerarquía puede introducir cambios en la Liturgia y que, “por lo mismo, nadie, aunque sea sacerdote, añada, quite o cambie cosa alguna por iniciativa propia en la Liturgia”. Luego se dice que hay que fomentar “el amor vivo y suave” hacia la Sagrada Escritura. Y se propone también que se revisen los libros litúrgicos.
La liturgia es una acción jerárquica y comunitaria. “No son acciones privadas, sino celebraciones de la Iglesia, que es sacramento de unidad”.  En esa celebración comunitaria se propone una activa participación de los fieles y no se hará ninguna acepción de personas.
A continuación se especifican algunas normas derivadas del carácter didáctico y pastoral de la Liturgia, que tienen que ver con la estructura de los ritos, el uso de la Biblia como predicación y catequesis litúrgica, la lengua que se debe emplear, etc. Eso sí, como se recomienda en el siguiente apartado, se debe adaptar la liturgia a la mentalidad y tradiciones de los pueblos: “respeta y promueve el genio y las cualidades peculiares de las distintas razas y pueblos”.
Los siguientes apartados hablan del fomento de la vida litúrgica en la diócesis y en la parroquia. Se describe la vida litúrgica diocesana y parroquial, con especificaciones sobre el fomento de la acción pastoral litúrgica.
El Documento dedica después un apartado importante al “Sacrosanto misterio de la Eucaristía”: la celebración del Misterio Pascual, donde la participación de los fieles debe ser mucho más activa. Sobre este punto, se dice: “la Iglesia (…) procura que los cristianos no asistan a este misterio de fe como extraños y mudos espectadores, sino que comprendiéndolo bien a través de los ritos y oraciones, participen conscientes, piadosa y activamente en la acción sagrada, sean instruidos con la palabra de Dios, se fortalezcan en la mesa del Cuerpo del Señor, den gracias a Dios, aprendan a ofrecerse a sí mismos al ofrecer la hostia inmaculada no sólo por manos del sacerdote, sino juntamente con él, se perfecciones día a día por Cristo mediador en la unión con Dios y entre sí, para que, finalmente, Dios sea todo en todos”.
Y aspectos concretos que se abordan son la revisión del ordinario de la Misa, aportar mayor riqueza bíblica en los misales, las homilías, etc.
Tras la celebración eucarística se describen en el siguiente capítulo “los demás sacramentos y sacramentales”. “Los sacramentos –se dice en el Documento- están ordenados a la santificación de los hombres, a la edificación del Cuerpo de Cristo y, en definitiva, a dar culto a Dios; pero en cuanto signos también tienen un fin pedagógico. No sólo suponen la fe sino que, a la vez, la alimentan, la robustecen y la expresan por medio de palabras y de cosas”. Lo mismo sucede, a otro nivel, con los sacramentales, instituidos por la Iglesia, signos sagrados creados según el modelo d los sacramentos, por medio de los cuales se expresan efectos, sobre todo de carácter espiritual, obtenidos por la intercesión de la Iglesia”. Los sacramentos y sacramentales están en relación con el Misterio Pascual. Luego el Documento detalla algunas cuestiones sobre la celebración de los sacramentos.
El siguiente capítulo está dedicado al “Oficio Divino”. La “función sacerdotal se prolonga a través de su Iglesia que, sin cesar, alaba al Señor e intercede por la salvación de todo el mundo no sólo celebrando la Eucaristía, sino también de otras maneras, principalmente recitando el Oficio divino”. Se destaca su valor pastoral y se insiste en que, para todos los cristianos, es fuente de piedad. Además, es la oración pública de la Iglesia.
El capítulo V está dedicado al “Año Litúrgico”: “La santa madre Iglesia considera deber suyo celebrar con un sagrado recuerdo en días determinados a través del año la obra salvífica de su divino Esposo”. Primero, el día del Señor, el domingo, donde se conmemora su resurrección. Luego, la conmemoración de los misterios de la redención y el importante papel que tiene la Virgen María. También las fiestas relacionadas con los mártires y los santos. El Concilio se propone una revalorización del domingo, la fiesta primordial de la Iglesia, día de alegría y de liberación del trabajo.
Los dos últimos capítulos de este Documentos sobre la reforma de la Liturgia están dedicados a la Música Sagrada y al Arte y los Objetos Sagrados.
Resumen de Adolfo Torrecilla